Hace unos años asistí a una reunión de una empresa en la que trabajaba. El iluminado director nos pedía trabajo y sacrificio y para ello nos ponía de ejemplo el milagro económico de un país cuyo nombre tampoco quiero recordar pero que “está invadiendo al mundo con sus productos a precios sin competencia gracias a una dirección férrea y a una producción organizada”.
Nuestro director ilustraba su charla triunfal con gráficos de colores que parecían salirse de la pantalla de proyección, hacia el techo, hacia el tejado, hacia el cielo, como cohetes con estelas de millones de dólares que le rascaban las ubres a la misma vía láctea, pero en medio de tanta grandilocuencia a mi se me empezaron a torcer los ojos y de pronto vi en mis pensamientos a la niña que mi amigo Julio fue a buscar a ese país, concretamente a uno de los miles de orfanatos donde se hacinan en condiciones infrahumanas por razones de política demográfica de estado. El mismo estado que ostenta el dudoso honor de ser una de las tiranías que de forma más rampante violan los derechos humanos o que ostenta el récord mundial de ejecuciones sumariales y que ordena a los tanques que masacren a los estudiantes y a los trabajadores en las manifestaciones. Sin que la cobarde comunidad internacional deje de comprar los baratos productos de ese país, ahora superpotencia y al parecer ejemplo a seguir, como “milagro económico que es”. Tan floreciente mercado atrae toda suerte de empresarios como moscas, la business class está rebosante de altruistas que quieren comprar más barato, sin importar quien hace las cosas con sus manos, ni cómo vive o cuantos años tiene, ni si puede decir lo que piensa o pensar lo que dice si es que en la cadena de montaje consigue articular palabra. Porque como seguía el inspirado discurso de nuestro profeta “esa es tierra de promisión y el que quiera forrarse tiene que tener un pié allí, o aprender de ellos, porque son muchos y tienen a sus trabajadores bien entrenados en la disciplina y en el sacrificio individual para lograr el bien común, no como aquí, que cualquiera te sale con una idea cuando menos lo esperas o con una reivindicación si pestañeas”.
Ese día entendí que me tenía que marchar, que la única disciplina que puedo seguir es las convicciones personales, como la de ese estudiante enfrentándose a los tanques, un hecho anónimo que un fotógrafo capto por casualidad, pero es que los verdaderos héroes son anónimos, muchos caen todos los días luchando por la libertad, por el derecho a vivir, en suma, por todos nosotros. Para que dejemos de creernos las estadísticas escritas por dictadores, ni la historia escrita por los imperios, ni el marketing de los gerentes de campos de concentración. Ni el silencio hipocrita de nuestros gobernantes ante temas como la prostitución, el tabaco, la industria armamentistica, etc. En los graficas de nuestros empresarios ávidos de mano barata no hay ningún quijote frente a un tanque, ni tampoco una niña huérfana, pero no importa porque “… no le sacaran el borrador de su locura cuantos amos y señores tenga el mundo, él es un entreverado loco, lleno de lúcidos intervalos”….. y ese estudiante somos más y tenemos un compromiso con la vida que es nuestra única cuenta de resultados. Mas información sobre derechos humanos.