Vas en tu coche por la autopista, como siempre pillado de tiempo, pero con el manos libres arañándole minutos al día. De fondo esa música de moda, eres todo un ejemplo de trabajo y modernidad,. De repente son las 12, las noticias, 20 minutos de fútbol, declaraciones importantísimas de jugadores y entrenadores, 8 minutos de política nacional, es decir insultos, crispación, corrupción inmobiliaria. 1 minuto de la guerra “preventiva” de Irak, la última faena del payaso que lleva el mundo y su macabra comparsa. Medio minuto sobre la muerte anunciada de la última mujer asesinada. Otro minuto de un atentado en Israel destacable solo porque el suicida era un niño. Por último en 10 segundos la noticia de una nueva patera que ha naufragado a pocos metros de nuestras costas, con decenas de inmigrantes muertos. Terminan las noticias, vuelves a tu música, sigues conduciendo, pensando en esa reunión de trabajo a la que vas, en que el coche ya está para lavar y en que no te va a dar tiempo de ver el partido si vas al gimnasio…nada dentro de ti navega por el estrecho.
Qué recursivo depredador es el Homo Sapiens, parece adaptarse mejor al entorno que las cucarachas, es capaz de acostumbrarse a todo mientras no lo afecte de forma directa: a las guerras, al terrorismo, a la corrupción, a las niñas chinas abandonadas en los orfanatos, a los millones de niños trabajadores del mundo, a la trata consentida pero no legal de mujeres frente a nuestras narices, a las hordas de adolescentes ejerciendo el sagrado derecho de los imbéciles a emborracharse, a los cientos de miles que mueren por fumar mientras los gobiernos ingresan cuantiosas sumas por la venta de tabaco y alcohol, a la vez que hacen campaña en su contra. Nos acostumbramos a las miles de muertes en la carretera y a los anuncios de coches cada vez más potentes o a que los autobuses para niños no necesiten cinturones de seguridad, a las tribus urbanas, a los gritos racistas en el fútbol, a que un jugador gane mas dinero que miles de obreros en toda su vida, a que la telebasura eduque a nuestros hijos, a que la vulgaridad sea parte de la cultura, a que sigan desapareciendo especies animales, a que se desertice todo menos los campos de golf, a ver a nuestro alrededor cada vez mas obesos, a que se rompan petroleros ilegales en el mar, a que el terror sea una herramienta política, a pasar 30 años pagando las cuatro paredes en las que metemos la cabeza por las noches que sumadas son 10 años de pesadillas….la lista de sinsentidos no tiene fin, pero ya todo parece normal para nosotros y eso nos permite seguir impasibles, cómodamente insensibles, impecables a pesar de bañarnos con agua sucia. Me gustaría creer que esa última noticia te ha hecho palpitar el corazón al ritmo de las olas del estrecho, y pensar que las últimas pateras repletas de seres humanos siguen llegando a nuestras costas, mientras todos nos refugiamos en la rutina de nuestras vidas.
Solamente en la última navidad, la marea del estrecho nos trajo 1200 cadáveres de personas que lo arriesgaron todo por el sueño mas elemental e importante: sobrevivir. Esas mujeres, hombres y niños arriesgaron lo único que tenían, la vida. Ya estaban condenados a muerte por un crimen que comete mas de la mitad de la humanidad al nacer: la miseria. La otra mitad preferiríamos ignorar que el ser humano se originó en Africa, concretamente en Etiopia, hace 200.000 años y desde allí empezó su viaje al resto del planeta hace unos 70.000 años Es decir, durante 130.000 años todos fuimos africanos. Los primeros europeos aparecieron hace apenas 30.000 años y venían de Asia. Todos los hombres provenimos todos de los mismos antepasados y el mapa de ese largo viaje de los miles de generaciones que nos preceden, lo llevamos grabado en el ADN de cada una de nuestras células. Todas las razas por diferentes que parezcan, tienen un ancestro común y todos estamos hermanados en ese viaje por el tiempo. Durante cientos de miles de años navegamos atados por las venas. En esa primera patera veníamos todos.