SIDA: Historia de un Libro
Hace unos años recibí una invitación de la Universidad Complutense para dar una conferencia sobre SIDA en oftalmología. Me quede un poco sorprendido, porque era un capítulo pasado en mi vida y de repente me llenaba de recuerdos. Hace casi diez años, cuando era residente de Oftalmología, el SIDA era una enfermedad que empezaba a conocerse y cuyo tratamiento y pronóstico no tiene nada que ver con lo que tenemos hoy en día. Se trataba de una sentencia de muerte a mediano o corto plazo y los afectados despertaban sentimientos contradictorios entre muchos médicos, principalmente por temor a lo desconocido. Todo el mundo temía contagiarse. Además los pacientes en poco tiempo presentaban sistemas inmunológicos tan deprimidos que eran victimas de toda clase de infecciones, algunas de ellas hasta entonces infrecuentes.
La ignorancia y el temor formaban una bola de nieve que aumentaba la marginalidad de los afectados. El caso se repetía entre los médicos de las diferentes especialidades y por eso decidí buscar toda la información posible sobre la nueva enfermedad, que atraía el interés de investigadores de todo el mundo. El primer dato que me sorprendió fue que la inmensa mayoría de los enfermos viven en África, que se podía transmitir por vía sexual y que el virus mutaba rápidamente camuflándose en nuestras propias células de defensa. Esas mismas características, diez años después lo han convertido en una pandemia cuyo tratamiento curativo sigue estando muy lejos. De aquellos meses de estudio salio una especie de libreta de apuntes llena de diagramas y de datos de todo tipo, la biología molecular de la enfermedad, los datos demográficos, los signos de afección de cada órgano, etc. Mi interés era paralelo a mi trabajo con los pacientes con SIDA, quienes pronto empezaron a buscarme, lo cual me obligaba a estudiar mas y a ayudarles en su problema “logístico” dentro del hospital. No era fácil explicarles que yo era un simple residente y que no podía hacer mucho, pero pronto me di cuenta que lo que necesitaban era un amigo, alguien que no les viera con asco. La idea era sencilla, pero demoledora y cuando la conseguí ver con claridad, supe que tenía que hacer algo: Se trataba de personas con una enfermedad mortal y sufrían mucho. Se me ocurrió entonces compartir con los otros médicos residentes mi libreta de apuntes, así que me puse a trabajar en el ordenador, a hacer esquemas a buscar bibliografía asistir a los congresos más importantes del tema y me puse una fecha limite. Ese día baje a la imprenta del hospital con un diskette y le conté al encargado la historia, conseguí conmoverlo. El hombre me prometió darle un vistazo y tirar un par de ejemplares de prueba. A la semana me llamo y me dijo que ya podía pasar. Cuando llegue a la imprenta me encontré a todos los trabajadores de la imprenta esperándome con una gran sorpresa: 400 ejemplares del libro, ya empastados y en cuya portada habían puesto la foto de un niño enfermo que yo había tomado en la India el año anterior. El libro circuló por todo el hospital y muchos residentes de otros hospitales hicieron copias “piratas”, fue un primer paso para que muchos de ellos empezaran su propia lucha contra el SIDA.
En el mundo hay aproximadamente 41 millones de personas afectadas por el virus VIH, de ellas 26 millones viven en el Africa subsahariana y solo 700.000 en toda Europa. En Asia del sur 7 millones y medio, en Latinoamérica 2 millones, en Norteamérica 1,2 millones, en Asia oriental 900.000. Una vacuna efectiva es la única solución posible para los pacientes de países pobres (la inmensa mayoría) que no pueden acceder a los medicamentos, pero los esfuerzos de la industria farmacéutica han dado prioridad a algo más lucrativo: El desarrollo de antiretrovirales. Las cifras son aterradoras, en África el SIDA ha dejado a millones de niños huérfanos y lo seguirá haciendo, porque hoy en día solo el 9% de las embarazadas del mundo reciben medicación. La lucha contra el SIDA se libra en los países ricos. La gran batalla se pierde actualmente en suelo Africano.